La historia de Sofía Kovalevskaya

Como ya sabéis, nos gusta contaros la historia de grandes personajes que dedicaron su vida a las ciencias o las letras y que la mayoría desconoce. Hoy os queremos hablar de Sofía Kovalevskaya (también conocida como Sonya).

Nacida el 15 de 1850 en San Petersburgo, en una familia acomodada y con cierta inclinación intelectual (el mismísimo Dovstoyevski fue su amor platónico de niña mientras que él cortejaba a su hermana mayor), siendo la mediana de tres hermanos. Creció en un ambiente en el que la presencia de la mujer en los círculos intelectuales no era bien recibida y su educación provenía de tutores particulares principalmente y de dos de sus tíos (uno le enseñaba ciencias y el otro le ayudaba con la lectura aunque era un gran amante de las matemáticas), en esta época llegó a desarrollar un gran interés por la lectura aunque parece que hubo un hecho que marcó su futuro: declaraba que en su niñez había estudiado las viejas notas de cálculo de su padre con las que su habitación estaba empapelada por una falta de papel tapiz. Gracias a esas notas y a la ayuda de su tío con los conceptos matemáticos, su curiosidad creció hasta tal punto que parece ser que su propio padre interrumpio todas sus clases ante el riesgo de estar ante una mujer demasiado sabia.

La reacción de Sofía ante tal situación fue la de seguir con su aprendizaje a escondidas, estudiando cuando el resto de la familia se iba a dormir, con libros prestados… Uno de ellos un libro escrito por su vecino Tyrtov, del que no entendió las fórmulas trigonométricas, pero usando sus conocimientos anteriores Sofía consiguió no solo entender sino aprender de manera autodidacta.

Pasaron los años y pese a su talento y su interés, la universidad más cercana que admitía mujeres estaba en Suiza y una mujer no podía viajar a no ser que tuviera la autorización o de su padre o de  su esposo. En estas circunstancias la joven contrajo matrimonio con Vladimir Kovalevsky, era un matrimonio de conveniencia en un principio, una táctica muy habitual entre los nihilistas de la época. Además de adoptar su apellido, consiguió el permiso necesario para viajar a Suiza y empezar sus estudios universitarios. Unos años después continuó sus estudios con  Karl Weierstrass de la Universidad de Berlín, cuatro años de estudios que según ella misma fueron los que más influyeron en su carrera.

Durante esos cuatro años, ella escribió tres trabajos científicos originales (“On the theory of partial differential equations”, fue publicado en la revista de Crelle, que era considerado un honor para un matemático desconocido). En 1874 finalmente obtuvo su doctorado con sobresaliente en la Universidad de  Gottingen, aunque se le negó la oportunidad de ejercer como académica. Se convirtió en la primera mujer con dicho título.

El matrimonio volvió a San Petersburgo tras fracasar varios negocios de Vladimir que a su vez supusieron varias crisis en el matrimonio y Sofía se alejó de las matemáticas durante unos años debido primero al fallecimiento de su padre y después al nacimiento de su hija, dedicando su tiempo a escribir obras de ficción, críticas de teatro y artículos científicos para la prensa. Pero esto no fue más que una pausa, en 1880 la matemática resurgió.

Sofía decidió volver a Berlín, donde se enteró de la noticia del suicidio de su esposo. En 1883 recibió la invitación de un antiguo alumno de Weierstrass, Gosta Mittag-Leffler, para dar clases en la Universidad de Estocolmo. Lo que empezó como un puesto de trabajo temporal terminó por convertirse en una posición permanente. Se convierte en la primera mujer catedrática en ciencias en la Europa del Norte.

Fue también la directora de la revista Acta Mathematica y en 1888 ganó el Prix Bordin de la Academia Francesa de Ciencias gracias a su artículo “On the rotation of a solid body about a fixed point”. 

Moriría pocos años después, en 1891, vícitma de una gripe a la edad de 41 años, tras sufrir la pérdida de su hermana y de entablar una relación con el también matemático Maxim Kovalevsky (sí, primo de su difunto esposo). Dejó un legado de artículos sobre matemáticas y física matemática, muchos de ellos con teorías pioneras, como “Sobre la teoría de ecuaciones en derivadas parciales”, “Sobre la reducción de una determinada clase de integrales abelianas de tercer orden a las integrales elípticas”, incluso estudios sobre la dinámica de los anillos de Saturno. A ella le debemos el llamado teorema de Cauchy-Kovalevsky, básico en la teoría de las ecuaciones diferenciales parciales. Y su labor no se limitó solo al campo de las matemáticas, Sofía Kovalevskaya también tuvo una producción literaria, claros ejemplos son su libro “Recollections of Childhood” o la obra de teatro “The struggle for happiness”, escrita junto a Ana Leffler.

Su influencia ha sido tanta que por ejemplo la Fundación Alexander Von Humboldt de Alemania entrega el premio Sofía Kovalevskaya a los investigadores jóvenes más prometedores, el día “Sofía Kovalevsky” sobre matemáticas en las secundarias de Estados Unidos, hay un cráter lunar llamado “Kovalevskaya” en su honor e incluso un asteroide con el mismo nombre.

 

 

 

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