Los libros más sorprendentes no son los más modernos.

En una época en la que la tecnología parece ser lo más importante está bien echar la vista atrás y ver las sorprendentes creaciones de las que eran capaces los artesanos. En este caso viajamos al pasado en el tiempo para olvidarnos del ibook y recrearnos la vista con esta maravilla de libros.

El libro circular en miniatura o Codex Rotundus:

Con 9 cm de diámetro y 266 páginas con ilustraciones pintadas a mano incluidas este libro de 1480 es uno de los primeros libros de bolsillo. Con un sistema de cierre de tres broches, ya que la columna vertebral del libro solo mide 3 cm,  cada uno diferente y representando letras del alfabeto de diseño gótico. Se trata de un libro devocional escrito en latín y francés y se cree que es obra de un pintor anónimo de Brujas.

Libro de cintura o de faja:

Girdle Book en inglés. Se podría decir que es otra temprana versión del libro de bolsillo. Su encuadernación se realizaba de tal manera que un nudo de cuero formaba parte de la cubierta exterior para que se pudiera colgar de la faja o el cinturón, así el lector lo llevaba colgando del mismo y para leer no necesitaba descolgarlo. Fueron comunes en Alemania y los Países Bajos, aunque estas obras aparecieron en el s.XIII se hicieron más populares durante los siglos XIV y XV y se dejaron de fabricar en el s.XVI. De los 26 tomos que se conservan a día de hoy la mayoría de los textos son religiosos aunque también hay de medicina.

El libro gigante:

Si hasta ahora hablábamos de libros de bolsillo, con este ejemplo nos vamos al otro extremo: un libro que mide 1,75 m de alto y que una vez abierto casi alcanza los 2 m. de ancho. El atlas Klencke fue un regalo del profesor de Amsterdam Johannes Klencke al rey inglés Carlos II en 1.660. La idea inicial era la de poder recortar los mapas y ponerlos en la pared pero al rey le gustó tanto su regalo que prefirió incluirlo en su Gabinete de las Maravillas. En 1.950 lo restauró la Biblioteca Británica y desde 2.010 se exhibe al público. Como última curiosidad, durante su restauración se necesitaban 6 personas para poder mover el libro.

El libro pop-up:

Impreso en 1482, tan solo unas décadas después de que Gutenberg inventara la imprenta, este ejemplar mostraba los movimientos de la luna mediante una serie de ruedas de papel que flotaban delante de la página. Todo un desafío en la época.

Libros siameses:

Con una encuadernación llamada “dos-à-dos” (espalda con espalda) característica de los siglos XVI y XVII. Son libros distintos pero de contenido relacionado o complementario y que están unidos por una parte de la encuadernación. Así el lector puede consultar ambos textos a la vez o con solo girar el volumen. Como veis existían varios diseños y se podían unir hasta siete libros:

Y si este diseño os ha gustado, no os perdáis el siguiente…

El libro que contiene seis libros diferentes:

Es un triple “dos-à-dos” que contiene seis libros diferentes con una única unión y con la apariencia de un único ejemplar, lo que le diferencia del aspecto de los siameses (se veía claramente que eran libros diferentes). Cada libro tiene un cierre y es este mecanismo el que determina la posición en la que se lee cada libro. Se encuentra en la Biblioteca Nacional de Suecia y se trata de la recopilación de los textos devocionales impresos en Alemania entre 1.550 y 1.570, por lo que se cree que el volumen data de finales de siglo.

Libros con arte en el canto:

Los ejemplos más antiguos datan del siglo XIV y se viralizaron durante los siglos posteriores. Los primeros contenían nada más que sencillos escudos de armas pero con el paso del tiempo se perfeccionó la técnica hasta llegar a encontrarnos con libros con todos sus cantos decorados con auténticas obras de arte.

El libro encuadernado con piel humana:

Bueno, su nombre no deja lugar a dudas. La bibliotegia antropodérmica, así se se llamaba esta práctica, por lo visto era muy popular en el siglo XIX aunque ya se practicaba en el siglo XVII. Las confesiones de criminales a menudo eran encuadernadas con el piel del mismo; personas que querían ser recordadas por sus seres queridos tras su muerte, encargaban que se encuadernara un libro con su piel… Se conservan muchos ejemplares en museos y bibliotecas del mundo y todos ellos tienen una historia que de alguna manera coincide con la del propietario de la piel.

El hornbook:

No es un libro propiamente dicho sino más bien una cartilla para enseñar el alfabeto y primeras palabras o textos breves y fáciles para iniciar en la lectura. Como se puede apreciar en la imagen se trataba de tablas con un extremo para sujetarlas en las que se colocaban textos cubiertos con mica para que durasen. Este en concreto es inglés y data del siglo XV.

La biblioteca portátil:

Mucho antes de que apareciera en nuestras vidas el libro electrónico ya se había encontrado la solución al problema de llevar encima muchos libros sin ocupar espacio: una suerte de biblioteca portátil camuflada bajo la apariencia de un libro, de madera eso sí. En su interior, y dependiendo de su tamaño, se repartían en estantes pequeños libros.

En esta imagen se puede ver el modelo que en 1.617 encargó William Hacknel, un miembro del parlamento inglés, para obsequiar a un miembro de la familia irlandesa Madden (llegó a encargar tres más en los siguientes cinco años). Se encuentra en la Universidad de Leeds y contiene volúmenes sobre religión, historia, poesía e incluso filosofía.

Hasta el mismísimo Napoleón contaba con una de estas llamativas librerías portátiles en su haber ya que era un gran lector:

 

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