Cada vez más adolescentes con ansiedad por estudios. ¿Qué puede estar pasando?

Como academia de refuerzo en Madrid desde hace más de 12 años, hemos visto alumnos con problemas de todo tipo. Pero últimamente (en los últimos dos años) estamos recibiendo cada vez más jóvenes con problemas de ansiedad y depresión. En especial con ansiedad por estudios. ¿Qué puede estar pasando? ¿Cuales son las causas? Hoy intento dar mi opinión (de educador y padre, no soy psicólogo).

Primero destacar que, de ningún modo, menosprecio estas enfermedades. Los pacientes que las sufren pasan un infierno muy real, no es deseable para nadie, y no es fácil curarse. Y es una enfermedad creciente en nuestro siglo a todas las edades. Somos la generación de los tranquilizantes y somníferos.

No voy a entrar en cómo tratarles, no es mi trabajo. Con un alumno así nosotros nos adaptamos a los consejos de los expertos (psicólogos y médicos) y nos centramos en reforzar la autoestima de los alumnos e intentar formarles adaptándonos a sus peculiaridades. Al final, todos los alumnos las tienen y todos pueden llegar a su máximo potencial, sólo varía el camino a tomar, la manera de hacerlo o el tiempo.

Además, subrayar que, como padre, soy muy consciente que cada niño es un mundo y que educar a tus hijos no es fácil.

También quiero poner en situación al lector. Nuestra academia trata principalmente con clientes de clase media alta. Porque nos especializamos en el sistema británico (y dichos colegios son caros), por que dichos clientes son los que pueden pagar un tutor o unas clases (como las nuestras) en grupos reducidos, y por dónde hemos tenido los locales (en barrios con familias de clase media alta).
Esto ayuda al lector a entender que nuestros alumnos no tienen problemas de dinero o de falta de medios.

Tradicionalmente, los alumnos que recibimos suelen haber perdido el rumbo de los estudios por las siguientes razones:

  • separación de los padres.
  • Edad del pavo o típica crisis adolescente. La típica rebeldía adolescente.
  • Falta de atención de los padres por no estar en casa. Hemos visto casos donde a los hijos les supervisan las cuidadoras o incluso que viven solos.
  • Falta de interés o motivación porque ya obtienen todo aunque hayan suspendido todas las asignaturas.
  • Dificultad para seguir el ritmo de una clase, normalmente por una falta de base.
  • Desórdenes como déficit de atención (hmmm…), dislexia y similares.

Problemas normales en todos los adolescentes, aunque algunos son específicos de nuestro tipo de clientes con alto poder adquisitivo. Los problemas de estudios están en todos los sectores de la sociedad.

Todos estos suelen derivar en falta de atención, hiperactividad, baja autoestima, problemas de concentración, culpa y disminución del rendimiento.

Sin embargo, como decimos, últimamente estamos teniendo un aumento de alumnos con ansiedad, especialmente ansiedad por estudios. Es decir que el nivel de estudios, el ritmo o la exigencia les crea estrés. A niveles que les afecta incluso su estancia en los colegios. En adolescentes.  Y no es cosa nuestra, revistas de renombre lo han publicado en sus portadas.

¿Por qué? 

Parto de la premisa que descarto que sea por el nivel de exigencia de los planes de estudios actuales. Creo que es algo por todos conocido que el nivel de exigencia, si algo, ha disminuido notablemente. Lo que le pedían a mis padres en el colegio era más que lo que me pedían a mi. Y lo que les piden los planes de estudios ahora es menor a lo que nos pedían a nosotros. Los exámenes son menos exigentes, se han reducido los requisitos para pasar de curso (se puede pasar hasta suspendiendo) y los exámenes de acceso a la facultad son más sencillos también.

Además yo estudié en un sistema mixto donde teníamos asignaturas en inglés y español (duplicadas). Por lo tanto más que los alumnos de un sólo sistema. Nunca me sentí “agobiado” ni vi casos parecidos. Cuando sentí la presión fue luego en la facultad y, sobre todo, en el mundo laboral, nunca en el colegio.

El nivel de exigencia de los programas de estudios no parece ser la causa.

Y si, la ansiedad tiene detonantes tanto genéticos como por drogas o alcohol. Esta es la edad en la que usan las drogas blandas, el alcohol y el tabaco para evadirse. Pero los casos más agudos que recibimos no suelen ser consumidores, suelen además ser bueno alumnos. Y estadísticamente alumnos con predisposición genética o consumidores de sustancias ha habido siempre y no parece probable que la predisposición genética haya aumentado. No es probable que sea un factor determinante que explique el aumento de casos.

El mundo digital tampoco ayuda. Les aísla, les hace poder crear personalidades ficticias y les protege del mundo exterior. No tienen que enfrentarse al padre de su novia, pueden cortar con la novia por Whatsapp, hacer acciones de manera anónima… Nada apropiado. Pero tampoco creo que podamos echar la culpa total a las redes. Además es, o debe ser, controlable por los padres.

Mi teoría tras ver a muchos adolescentes en nuestro centro a lo largo de los años (y como padre ahora también), según leo avalada por algunos expertos, es que los padres tenemos mucha culpa (como no podría ser de otra manera). También la sociedad…pero esa no está en nuestra manos cambiarla de inmediato. Me centro en lo que podemos cambiar. En la academia decimos que, en la mayoría de las ocasiones, los padres necesitan tantas clases como los hijos.

Nos estamos cargando los mecanismos de defensa que, poco a poco, se van construyendo desde la infancia. Cuando llega la edad típica de los problemas (la adolescencia) no están preparados para asumirlos y mucho menos para resolverlos.

Estos son los errores que creo estamos cometiendo:

  • La sobreprotección. Hemos entendido mal el concepto de proteger a tu hijo.
    Cuando tienen un problema, y lo veo desde que son bebés en los parques infantiles. Los padres saltamos a ayudar a nuestros hijos enseguida. No les dejamos que se levanten solos, que suban solos al columpio, que arreglen las disputas con otros niños. Ahí estamos nosotros para solucionárselo sin darles opción a que lo intenten primero ellos.
    Desde pequeños nos enfrentamos a pequeños problemas y vamos aprendiendo a reconocerlos, y a enfrentarnos a ellos. Nuestro cerebro crea aprende de estas pruebas iniciales. La respuesta puede ser pelear o huir. Si aprendemos a pelear, cada victoria aumenta nuestra seguridad en nosotros mismos.
    Los problemas van aumentando según crecemos, así es la vida. Nos enfrentamos a un 2,5, 10,20,30 por ciento de nivel de dificultad problemático y de estrés. Con este enfrentamiento, y según los superamos, aumenta también nuestra tolerancia a ellos y nuestra capacidad de respuesta.
    Para una persona habituada a un nivel de estrés de un 90% un 20% no es nada. Pero para una persona habituada a un 10%, un 20% es un mundo.Sobreprotegiéndolos los padres rompemos este proceso. Y llegan a la adolescencia totalmente inmaduros en este sentido. Para ellos un 5% de estrés, un problema pequeño, es totalmente irresoluble.
    Se hace con la mejor intención…pero no por ello es menos dañino. Para mi esta es la mayor causa de este problema.
  • La sobreprotección anterior también mina su autoestima. Si lo resolvemos todo nosotros les hacemos ver que no confiamos en su capacidad de respuesta.
  • No les dejamos que peleen contra los problemas, que los superen. “Niño déjalo”. “No hagas los deberes”. “Es muy difícil”, “a tí no se te da bien esto”. Culpamos al sistema educativo (fuera los deberes), a los profesores y a todo lo que se nos ocurra en vez de hacer que el niño adquiera hábitos de esfuerzo y trabajo.
  • Recalcamos sus debilidades. En cuanto tienen alguna dificultad en matemáticas, lengua, física, música etc la respuesta es “es que el niño no es bueno en matemáticas”, o “no se le dan bien la física”, “no canta bien”, “no le gusta leer”. En vez de buscar la manera que encuentre interés en dichas asignaturas. El niño oye esto, y ya va pensando que es “más tonto” , que tiene debilidades o no se le da bien algo. Cuando, en realidad, cualquier alumno es capaz de superar cualquier asignatura a dicha edad,  pero puede necesitar un enfoque diferente o puede haberse “atascado” en algún punto.
    De hecho, estudios recientes demuestran que activar y fortalecer ciertas regiones del cerebro, mediante el estudio, por ejemplo, de las matemáticas, ayuda a mantener a raya la ansiedad y la depresión.
  • Presionamos demasiado en sus fortalezas.  A un alumno que se le da bien algo (ya sean los deportes, los estudios, la música etc) se le suele apoyar por parte de los padres. Pero apoyar y hasta presionar. “Tienes que llegar a la universidad”, “tienes que volverte futbolista”, “tienes que ser músico”… Esto puede aumentar innecesariamente los niveles de estrés y hacer que lo que naturalmente se les da bien…deje de ser divertido.
  • Les damos todo.  Más aún en los clientes nivel medio-alto.  Hemos tenido alumnos que, suspendiendo todo, le mandaban al Caribe. Porque “¿que iban a hacer?”. Entonces, ¿que incentivos pueden tener para intentar superarse, si lo tienen todo sin dar palo al agua?
  • Les quitamos el soporte en el que apoyarse en caso de no poder superar un problema. Con la moda de ser amigos, como dice el juez Calatayud, les dejamos huérfanos de padres. Tienen amigos, no padres.
  • Les ocultamos la realidad. Intentamos que no se enteren de las cosas horribles a las que nos enfrentamos los adultos (deudas, separaciones, problemas financieros, familiares, enfermedades, pérdida de seres queridos…). Pero esa es la vida. Y se van a tener que enfrentar a ella. Si no la conocen, cuando lo hagan va a ser un shock.

Por lo tanto, en mi opinión, debemos dejar de protegerles tanto. Nuestro deber es educarlos, no protegerlos. Y educarlos no es sólo darles pautas morales, también es ayudarles a que creen, por si mismos, los mecanismos de respuesta, asimilación y defensa ante los problemas que van a encontrar en la vida adulta.
Y si hay algo que es un hecho…es que van a tener que enfrentarse a problemas. No podemos evitar eso.

Por poner una analogía estamos luchando las peleas de nuestros hijos para que no se hagan daño, y cuando tienen que hacerlo ellos, no saben ni levantar una espada. ¿Nos extraña entonces que se hagan daño?

Aunque suene duro, estamos creando adolescentes débiles emocionalmente…con la mejor de las intenciones, sí. Intentando ayudarles, les hemos creado problemas mayores. Quizás he llegado el momento de confiar más en ellos, y hacerles más fuertes.

Enseñarles a escalar murallas, y no a esconderse detrás de ellas.

Y no…no se trata de vivir en un régimen militar. Uno puede dejar a su hijo que se enfrente a problemas sólo, y hacerle saber que detrás tiene a los padres (que le quiere), como una red a la que puede acudir en caso de que todo falle. No son mutuamente excluyentes. Pero antes…debe intentar resolver sus problemas por sí mismo.

Eso,, creo, es en lo que estamos fallando.

 

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