¿Sabes expresar tu desacuerdo correctamente en una discusión o debate?

Lo vemos continuamente: en televisión, en las calles, en las redes sociales… hay opiniones de todo tipo y es muy fácil y natural estar en desacuerdo, lo difícil es hacerlo correctamente.

Para facilitar las cosas y discrepar como “un profesional” en cualquier debate o discusión, el programador y ensayista británico Paul Graham nos propone su “jerarquía de discrepancia o de la argumentación”, una pirámide en la que ordena los distintos niveles y maneras en las que las personas manifiestan su desacuerdo con cualquier tema:

Según esta pirámide, cuanto más alto se sitúe el argumento de una persona, más potente es y, por el contrario, cuanto más bajo, más débil el argumento.

Os explicamos las características de los diferentes niveles empezando por el más bajo:

  • El insulto: el nivel más básico, algo que él resume con la frase “eres un idiota”: el recurso del insulto como oposición sin ofrecer ningún argumento, no importa lo elaborado que sea el insulto.
  • Ad hominem: es el escalón en el que se encuentran aquellos que en lugar de argumentar, su respuesta es tratar de desacreditar a la otra persona mediante comentarios negativos,atacando. Frases del estilo “¿Qué vas a saber si no tienes estudios?” o “el autor no tiene autoridad para hablar de este tema” pertenecen a esta categoría.
  • Respondiendo a tono: en este caso la persona se centra o usa el tono del mensaje del oponente para tratar de desmentirlo o refutarlo pero sin tener en cuenta el fundamiento de aquello que se está debatiendo. En muchas ocasiones un tono se puede malinterpretar pero la idea puede ser correcta.
  • Contradicción: nos empezamos a encontrar con respuestas a lo que se dice y no a cómo o quién lo ha dicho, pero aún así se trata de un nivel bajo de capacidad argumentativa. Consiste simplemente en expresar la idea opuesta a lo que el otro ha dicho, pero se necesitan evidencias para ir un paso más allá.
  • Contraargumento: a partir de este nivel los razonamientos ganan riqueza y calidad. En este caso, la persona que discrepa aporta ideas con evidencias que respalden su opinión pero que han sido dichas o escritas por otros anteriormente. Es decir, que las pruebas aportadas para defender su opinión no son propias.
  • Refutación: la persona es capaz de razonar y refutar por sí misma, con sus propias ideas, pero sin tener muy en cuenta la base del argumento o las creencias del oponente, basándose en puntos concretos del discurso del otro pero sin llegar a rebatir la idea central. En este punto, es muy probable que para refutar sea necesario citar el punto con el que se está en desacuerdo.
  • Refutar el punto central: por fin el nivel más alto en la pirámide. La persona tiene los recursos para rebatir el tema central de la discusión, utilizando sus propios argumentos, integrando las ideas del otro en la discusión, y todo esto de una manera clara, directa y constructiva.

Y si sois de los que os gusta debatir correctamente… seguid atentos a nuestras publicaciones porque ¡muy pronto os anunciaremos novedades!

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