#SinCienciaNoHayFuturo, nos unimos al hashtag reivindicativo de los miércoles.

Desde hace varias semanas, los miércoles, las redes sociales se llenan del hashtag #SinCienciaNoHayFuturo y hoy nos unimos desde Smyth Academy.

Se trata de una movilización online de la comunidad investigadora reclamando mejoras en la financiación, las condiciones de trabajo, etc. promovida principalmente por la asociación Ciencia con Futuro junto con Scientists Dating Forum.

Cuando hablamos de ciencia a la mayoría nos parece un concepto abstracto y lejano y sí, es cierto que a través de la ciencia sabemos más sobre el espacio, por ejemplo, pero también gracias a la ciencia disfrutamos de nuestro día a día: si estamos enfermos nos puede curar, la ciencia nos permite tener el último modelo de teléfono inteligente en nuestro bolsillo, disfrutar de plataformas de streaming en nuestros televisores último modelo… Como veis la lista es larga y la importancia de invertir en investigación, avances tecnológicos y condiciones de trabajo adecuadas para el personal de ámbito científico es grande, no solo para ellos sino en beneficio de todos.

Por eso os invitamos a que hoy a partir de las 12.00 os unáis a la manifestación virtual utilizando el hashtag #SinCienciaNoHayFuturo

OpenBoard, una pizarra para tus clases online.

Con esta situación excepcional que todos estamos viviendo, la enseñanza online ha cobrado mayor importancia (si cabe).

Llevamos tiempo hablando de las ventajas de este formato de clases: evita desplazamientos, permite una mayor flexibilidad horaria, las clases se pueden dar desde cualquier sitio y desde prácticamente cualquier dispositivo con una buena conexión a internet y son igual de dinámicas a través del vídeo en directo, etc. Por todos esos motivos en la academia hace ya tiempo que se han convertido en una de nuestras opciones más populares (y si aún no conocéis nuestras videoclases, no dudéis en contactar con nosotros y os informaremos encantados).

Pero si queréis ir un paso más allá y necesitáis otro tipo de herramienta para que vuestras clases sean aún más efectivas, OpenBoard es lo que los influencers llamarían un “must”, algo que hemos descubierto a través de nuestra propia experiencia.

Se trata de una pizarra, ya que aunque muchas plataformas ya incorporan la suya propia en la mayoría de los casos es un poco incómoda de utilizar o con ciertas limitaciones para algún tipo de clases que necesiten de símbolos, etc. Es una herramienta gratuita para Windows, Linux y Mac OSX, fácil de usar, con todo lo que puedes necesitar en un software de este tipo, pensado y diseñado para profesores, para poder compartirla a través de la pantalla de la plataforma que utilices para tus clases de online (y de este tema hablaremos en otro artículo a lo largo de estas semanas).

Puedes utilizar OpenBoard directamente con tu ratón, pero si dispones de una tableta gráfica mejor aún (aunque manejar este tipo de tableta también requiere un mínimo de práctica, avisamos).

Así que ya sabéis, si buscáis una herramienta sencilla y económica, tan económica que es gratuita, para mejorar vuestras clases online, esta es sin duda nuestra recomendación estrella.

Aquí os dejamos con un tutorial sobre cómo utilizar OpenBoard:

Annie Easley, una matemática que rompió barreras.

Nacida el 23 de abril de 1933 en Alabama, Annie Easley rompió barreras no solo por ser mujer y ser matemática, a continuación os explicamos por qué.

Easley era afroamericana y creció en los años anteriores al Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos cuando se educaba por separado a los niños en función de su raza o color de piel, cuando la educación para los más desfavorecidos era de segunda. Pero Annie Easley, animada por su madre que la dijo que si trabajaba podría llegar a ser lo que quisiera, Easley terminó Secundaria siendo la mejor estudiante de su graduación. Después se especializó en Farmacia en la Universidad católica afroamericana Xavier en Nueva Orleans, donde estudió unos dos años. Fue entonces cuando se casó y se mudó a Ohio, donde esperaba continuar con sus estudios; pero la universidad local había cerrado su escuela de Farmacia.

En 1955 leyó un artículo sobre dos hermanas que trabajaban con computadoras en la NACA, el organismo que precedió a la NASA, que la pareció tan interesante que sin saber a ciencia cierta en qué consistía el trabajo, y ya que necesitaba un empleo, llevó su solicitud. Dos semanas después estaba allí trabajando, una de las 4 afroamericanas de entre 2.500 empleados.

Su carrera en la NASA duró más de tres décadas, durante las cuales se siguió formando: Licenciatura en Ciencias Matemáticas en la Universidad Estatal de Cleveland en 1977 así como cursos de especialización ofrecidos por la agencia espacial. Comenzó como “ordenador humano”, haciendo los cálculos para los investigadores a mano (los ordenadores de la época estaban muy limitados), pero según la tecnología avanzaba ella también y aprendió a programar en distintos lenguajes, desarrolló e implementó software para investigaciones en temas de energías (es la autora del código utilizado en los primeros coches híbridos), ayudó a desarrollar el software del proyecto Centauro responsable del lanzamiento de la sonda Cassini

En entrevistas posteriores Annie Easley declaró que era muy consciente de la discriminación a la que tuvo que hacer frente, pero fiel a sus principios incluso ejerció como consejera de igualdad de oportunidades en el empleo de la NASA solucionando cuestiones de discriminación por género, raza o edad.

El campeonato mundial de Word, Excel y Powerpoint: MOS World Championship.

Aunque pueda ser un desconocido para el gran público, se trata de una competición de tres días de duración que este año en su celebración el pasado mes de agosto ha cumplido su edición número 18 y que llega a recibir tantas solicitudes que se realizan hasta eliminatorias nacionales (en su edición en el 2018 se recibieron más de 1,3 millones de solicitudes de más de 116 países).

El campeonato, organizado por la empresa de certificaciones de software Certiport, está dirigido a estudiantes de entre 13 y 22 años con el objetivo de que demuestren sus habilidades en el uso de las herramientas de Office. Para que puedan llegar a la final mundial es obligatorio que cuenten con la certificación de Office Specialist y haber participado en las finales regionales y/o nacionales (las reglas de estas eliminatorias son diferentes en cada caso ya que son responsabilidad de los socios o instituciones afiliadas al programa Office Specialist). Todo esto además requiere de una gran preparación, horas de trabajo, pruebas, exámenes de certificación… por parte de los candidatos.

A la final llegan unos 150 candidatos que deberán elegir una sola de las seis categorías en la que competir. Este año las opciones disponibles eran:

  • Especialista de Microsoft Office Word 2013
  • Especialista de Microsoft Office Excel 2013
  • Especialista de Microsoft Office PowerPoint 2013
  • Especialista de Microsoft Office Word 2016
  • Especialista de Microsoft Office Excel 2016
  • Especialista de Microsoft Office PowerPoint 2016

Por lo tanto, en cada MOS World Championship se eligen tres ganadores en cada categoría tanto en su versión 2013 como 2016: un total de 18 ganadores, cuyos premios van desde 1.500 dólares para el tercer puesto, 3.500 para el segundo y 7.000 para el primero, además de trofeos, medallas, certificaciones y hasta dispositivos Microsoft.

En la edición de 2019 celebrada en Nueva York, el representante español ha sido un alumno de Bachillerato de un centro de Vitoria-Gasteiz, Daniel Ruíz Guinea, y que que ha quedado entre los 20 mejores del mundo en la categoría de Power Point en su versión de 2016.

Si queréis saber más sobre esta interesante competición, en su web tenéis toda la información.

Cuando el software era “cosa de mujeres”.

Aunque el dato pueda sonar sorprendente, la presencia de mujeres en el mundo de la informática antes de los años 80 era mayor de la que hay hoy en día.

Nos remontamos al año 1967, cuando incluso una conocida revista femenina (nada menos que Cosmopolitan en su edición estadounidense) le dedicaba una página entera un artículo titulado “The Computer Girls”, ilustrado con imágenes de una ingeniera de sistemas de IBM. De acuerdo en que el tono del artículo era muy de la época, aunque empieza reconociendo que veinte años atrás una mujer se limitaba a ser secretaria o profesora o enfermera en 1967 existe una nueva oportunidad laboral para ellas: ser programadoras. Luego el artículo sigue con todos los tópicos posibles, incluido el de que las mujeres estaban perfectamente capacitadas ya que comparan programar con preparar la cena perfecta o con coser ya que requiere la misma paciencia y habilidad para los detalles (todo esto escrito por una mujer).

Pero bueno, dejando tópicos aparte, lo cierto es que este reportaje era un ejemplo de la elevada presencia de mujeres consolidadas en el mundo del software, llegando a su cima en 1984. Por contraste, en la época el hardware era “cosa de hombres”: construir los ordenadores, la parte física del asunto. Todo estaba muy bien así hasta que el software empezó a ganar importancia, las empresas necesitaban empezar a nombrar directivos con esa formación específica y ahí surgió el problema: una cosa era que las mujeres trabajaran en igualdad de condiciones y otra muy diferente nombrarlas directivas (insistimos, no olvidemos que estamos hablando de los años 60).

Mujeres programadoras del ENIAC durante la Segunda Guerra Mundial

Todo lo que vino después tampoco ayudó mucho a que la situación fuera diferente. Sociológicamente, cuando una profesión está en alza, se estabiliza, con buena retribución, etc. los hombres que anteriormente la despreciaron intentan acceder a ella. Además, la llegada de los ordenadores a casa (en comparación a esas grandes máquinas que ocupaban una habitación entera) provocó un nuevo fenómeno: los adolescentes se interesaban por tener un equipo en su casa y, según estudios de los años 90, era mucho más probable que quien tuviera acceso a un ordenador fuera un chico y no una chica. Esto generaba que quienes tuvieran mayor facilidad para entrar en una carrera de informática fueran los que tenían conocimientos previos: una mayoría masculina. La popularización de los videojuegos (una vez más enfocados al público adolescente masculino) favoreció a la imagen del informático friki (en inglés geek) que a todos se nos viene a la cabeza cuando pensamos en programación.

Las cifras no se han recuperado y el porcentaje de alumnas de este tipo de carreras es bastante inferior al de alumnos, así que es importante recordar que es una carrera profesional con un gran mercado laboral y con un pasado eminentemente femenino, en el que destacan importantes figuras como Grace Hopper, entre otras, y de las que podéis leer aquí y que esperemos ayude a tener un futuro en igualdad de condiciones.