El curioso origen de la palabra chumino.

No nos cansamos de hablar de la riqueza del español, tanto en sus formas más formales y estandarizadas como de las peculiaridades de cada dialecto, o de cómo la lengua ha ido evolucionando con el paso del tiempo.

Hoy os contamos el caso de la palabra chumino. Si lo buscáis en cualquier diccionario os dirán algo del tipo “palabra malsonante para referirse a los órganos genitales femeninos” y os aporten unos cuantos sinónimos. Pero, ¿alguna vez habéis escuchado la historia de cuál es el origen de este término? Si no es así, seguid leyendo porque la historia merece la pena.

Allá por los siglos XVII y XVIII el puerto de Málaga era uno de los de mayor actividad, donde eran muchos los barcos ingleses que llegaban a cargar y descargar. Cruzando una calle desde sus habituales locales de ejercicio, las prostitutas salían a esperarles al puerto y cuando avistaban un barco “recibían” a la tripulación levantándose las faldas. Con el tiempo, las autoridades empezaron a perseguir esta práctica y las chicas que esperaban en el puerto tenían que buscar maneras de disimular su bienvenida a las naves a punto de atracar. Mientras tanto en los barcos, los marineros ingleses acostumbrados al saludo con las faldas levantadas gritaban a las señoritas “SHOW ME NOW!”… ¿a que acabáis de caer en la cuenta de cuál es el origen? Pues que a fuerza de escuchar a los marineros ingleses pedir a las chicas que les enseñaran esa parte en concreto de su anatomía, los lugareños se convencieron de que efectivamente eso que sonaba como “shouminou” debía ser el nombre de dicha parte en su lengua… y de ahí a que en malagueño se conviertiera en chumino está visto que no había más que un paso.

No es un caso aislado, parece que la actividad de los barcos ingleses en el puerto malagueño en esos siglos dejó expresiones más o menos conocidas pero todas con una curiosa historia detrás. Es el caso de la palabra “aliquindoi”, que tal vez sea menos popular fuera de Andalucía. Significa estar atento, prestar atención, y de nuevo es una interpretación de los estibadores malagueños ante el insistente “look an do it” de los marineros angloparlantes…

Rosalía gana un premio y J Balvin da una lección de ortografía.

La cantante Rosalía se alzó la semana pasada con uno de los premios MTV Video Music Awards, siendo así la primera española en ganarlo, y, como todo lo que tiene que ver con ella, se ha convertido en noticia aunque en esta ocasión ha tenido que compartir parte de su protagonismo con un compañero de profesión, J Balvin.

El cantante colombiano no dudó en felicitar a la flamante ganadora vía redes sociales con un contundente: “¡Bááájale, Rosalía!” que, como no, desató la polémica en Twitter.

Ante el aluvión de mensajes de usuarios sorprendidos ante tanta tilde, hubo una valiente que decidió consultar a la RAE, la entidad respondió resolviendo toda duda:

Así que ya sabéis, si os embarga la emoción al escribir un mensaje y tenéis que repetir una vocal con tilde, se repite también la tilde. Gracias J Balvin por la lección de ortografía.

Huérfilo, la palabra propuesta a la RAE para denominar a los padres que pierden un hijo.

Hay palabras que no nos gustaría que tuvieran que existir y en este caso es casi como si, efectivamente, la palabra no existiera.

Dentro de nuestro riquísimo vocabulario nos encontramos con viudo/a para referirnos a quien pierde a su cónyuge, huérfano/a cuando nos referimos a quien ha perdido a uno o a ambos padres… y sin embargo ¿no tenemos un término que defina a los padres que pierden un hijo?

La Federación Española de Niños con Cáncer propone el término huérfilo no solo para llenar ese vacío lingüístico sino para dar también visibilidad a los padres que sufren esa pérdida, sea por el motivo que sea. Tras consultar con varios lingüistas se ha elegido esa palabra que proviene del latín, compuesta por la misma raíz indoeuropea que huérfano, orbh (separar, perder, alejar), y el término latín filius que significa hijo, aunque adaptando su terminación a filio para evitar posibles confusiones con filia (atracción, obsesión) como ocurriría en el caso del femenino.

Tras reunirse en abril con el director de la RAE, esta ONG se ha puesto en marcha para conseguir la aceptación de huérfilo en el diccionario y a su vez desde el punto de vista administrativo (en igualdad de condiciones que a viudos y huérfanos). La RAE recopila los términos extendidos en el uso social: “debe ser utilizada por personas de todas las edades, que no pertenezca a un sector o grupo concreto; que aparezca en medios de comunicación, redes sociales, trabajos de investigación… […] que esté normalizada”.

Con este fin la FEPNC ha creado una campaña de recogida de firmas, esperando llegar por lo menos a la simbólica cifra de 11.730: el número de padres que han visto perder a sus hijos a causa del cáncer infantil. Además de contar con el apoyo de personajes conocidos que colaboran para dar visibilidad tanto a la palabra como a este colectivo. Esta aceptación convertiría al español en la primera lengua en tener un término para denominar a los padres que tienen que afrontar la mayor pérdida posible, la de un hijo.

En realidad todos hablamos un dialecto, aunque no nos guste admitirlo.

Aunque exista esa idea en la mayoría de que un dialecto es algo malo porque se relaciona con un estilo de habla inferior, la cruda realidad es que todos, absolutamente todos, en realidad hablamos un dialecto y no una lengua. Podemos llamarlo variedad, modalidad lingüística… para que suene bonito, pero lo cierto es que un dialecto no es algo negativo, sino un término que se emplea para designar a una variedad de lengua compartida por una comunidad, ya sea por motivos geográficos, culturales, sociales, por nuestra profesión…

Pues todos esos dialectos son igual de correctos o incorrectos, la clave está en el entorno y el momento en el que se utilicen. La Dialectología es la disciplina encargada de estudiar y catalogarlos: geolectos, sociolectos, tecnolectos… y la llamada variedad o dialecto estándar, que no es materno de nadie pero que todos conocemos, que se enseña en los colegios y se usa oficialmente pero que tampoco es homogéneo.

Cuando no era ni tan fácil ni tan rápido desplazarse de un lugar a otro ni las comunicaciones eran tan fluidas como ahora ni el acceso a la educación era general, los diferencias entre dialectos de una zona u otra eran mucho más marcadas, incluyendo un vocabulario propio de la zona que en muchos casos se ha ido perdiendo en beneficio de las opciones estandarizadas. Aún así, y afortunadamente hemos de añadir, quedan muchas expresiones propias que indican el origen del hablante: diminutivos, palabras típicas de cada comunidad, etc. Si tenéis curiosidad, en la aplicación Dialectos del Español, os proponen 26 preguntas para averiguar de dónde eres según tu manera de hablar.

Como os decíamos, además de nuestros orígenes geográficos, nuestro dialecto viene marcado por factores sociales, culturales, educativos, profesionales… lo que se llama edificio variacional, donde al igual que en un edificio se catalogan en las plantas más bajas los registros menos cuidados, más informales y coloquiales, en las centrales los estilos medios, en las altas los niveles más elaborados y en las últimas los muy superiores y técnicos reservados a unos pocos. Los expertos consideran que hablar bien es desenvolverse adecuadamente por varios niveles de ese edificio, sabiendo en qué entornos y momentos hay que utilizar el dialecto de una planta u otra. No tiene mucho sentido ir de excursión con los amigos y refererirse a la tortilla de patata de la hora de la comida como mezclum ovotuberculado, por poner un ejemplo, sonar pedante fuera de lugar es igual de inadecuado que sonar vulgar en un ambiente de un nivel superior.

Así que ya sabéis, diferencias lingüísticas hay muchísimas y ninguna nos hace ni mejores ni peores, ¿a que ahora el término dialecto no parece tan malo?

¿Qué son las palabras tritónicas?

Hace unos días hablábamos en la oficina sobre qué lenguas nos parecían más fáciles o difíciles de aprender cuando uno de nuestros compañeros opinó que precisamente el español era una de las que más sencillas le parecían. Entre los argumentos que se esgrimieron para rebatirle surgió el siguiente: las palabras tritónicas.

A lo mejor su nombre no os suena pero os aseguramos que las utilizamos todos los días, aunque tal vez tampoco nos hayamos parado a pensar en ellas. Las palabras tritónicas son aquellas que tienen posibilidad de acentuación en tres de sus sílabas (tres sílabas tónicas), es decir, son tres palabras que se escriben igual pero cuyo significado y pronunciación varían en función de la sílaba en la que se acentúe.

Práctico, practico y practicó; hábito, habito y habitó; título, titulo y tituló; género, genero y generó… son solo unos pocos ejemplos de palabras tritónicas que como os decíamos utilizamos todos los días pero que sin embargo suponen un reto para quienes aprenden español como segunda lengua, por ejemplo. Y no solo a ellos, a nosotros mismos en ocasiones nos suponen una dificultad a la hora de tener que escribirlas y sobretodo porque los correctores ortográficos no hilan tan fino…

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